UN PROBLEMA LLAMADO ANGÉLICA

Salvador García Soto

El Universal.- No es oficial, pero en la casa presidencial corre un secreto a voces: la relación personal y matrimonial entre el presidente y su esposa, Angélica Rivera, se ha vuelto un problema de imagen para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Por encima de la delgada línea de lo personal y la vida privada del gobernante y su cónyuge, la llamada “primera dama” se mueve en un estado de aparente “rebeldía” donde ella —sea por decisión propia o por acuerdo de pareja— rompe con los protocolos y normas de seguridad del Estado Mayor Presidencial para moverse libremente y por su cuenta, más allá de la agenda del Presidente de la República.

Cada vez es más común conocer, ya sea por la prensa rosa internacional o las llamadas “revistas del corazón” de México y de otros países, de un comportamiento libre y desenfadado de la señora Rivera de Peña Nieto, ya sea con una agenda personal en la que viaja por distintos países con sus hijas —de compras en Beverly Hills, de concierto en Madrid o cena de amigos en Miami— o incluso durante los viajes oficiales en los que suele acompañar al Presidente donde, después de cumplir con algunas visitas y apariciones protocolarias, aprovecha para quedarse “unos días más” por su cuenta en países a los que viajó en el avión presidencial.

Así ocurrió en Londres, a principios de marzo de este año, cuando el Presidente se regresó solo del Reino Unido porque Angélica Rivera “decidió quedarse unos días por su cuenta” y recorrer con sus hijas la Gran Bretaña; y volvió a ocurrir en el reciente viaje de Peña Nieto a Francia donde, tras la agenda formal en París y Marsella, nuevamente el mandatario nacional regresó al país, mientras su señora esposa se quedó a un viaje por Europa, durante el cual se le vio hace unos días en Verona, Italia, donde fue fotografiada comiendo en una pizzería en plan informal y acompañada de “su hermano y amigos”, según fotografías difundidas en la prensa.

El tema pasaría por una frivolidad del poder, de no ser porque el binomio de imagen Peña Nieto-Angélica Rivera ha sido manejado por los mismos propagandistas y voceros del gobierno como asunto de primer orden en la imagen pública del actual Presidente desde que era gobernador del Estado de México. Es tal la simbiosis en el manejo de la imagen presidencial, que en su momento hubo encuestas para medir qué tanto la popularidad de Rivera como actriz de telenovelas ayudaba a la popularidad de Peña Nieto.

Pero a últimas fechas, a raíz, primero de los escándalos de corrupción por la compra de la llamada Casa Blanca de Las Lomas y de que se empezó a hablar de problemas y distanciamiento entre el matrimonio que habita en la residencia oficial de Los Pinos, esas mismas encuestas y mediciones cambiaron su sentido y la pregunta que ahora se hace, incluso en supuestas encuestas no confirmadas de la Presidencia, es ¿qué tanto daño le hace al Presidente el desgaste en la imagen de Angélica Rivera, e incluso se ha hablado de sondeos no confirmados, en los que se pregunta sobre la conveniencia de un divorcio o separación entre el Presidente y su esposa.

Es decir que, como si no tuviera muchos otros problemas y situaciones apremiantes que atender en el país, entre la fuga del Chapo Guzmán, el dólar que siga rompiendo récords históricos y ayer rebasaba los 16.60 pesos, o los temas de seguridad y violencia en regiones del país, al presidente Peña Nieto encima se le achacan problemas domésticos, dificultades maritales y especialmente un problema llamado Angélica.

Salvador García Soto es autor de la columna “Serpientes y Escaleras” y uno de los periodistas críticos con más amplia presencia en medios impresos y electrónicos en todo México.

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